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Los trabajadores de la música, entre la crisis y el desafío de reinventarse

No hay comentarios Cultura y Espectaculo

Managers, productores, gestores culturales y agentes de prensa del sector cuentan cómo sobrellevan la cuarentena y piensan nuevas ideas para salir adelante.

Serenatas de balcón a balcón. Canciones colectivas vía Zoom. Conciertos online desde el living. Décimas por WhatsApp. Archivos musicales. Nuevos discos y videoclips. La música sigue y seguirá sonando, pese a todo. No en vivo, por lo pronto. Pero ahí está, mutando. Para la industria musical es un tiempo de crisis, pero también una oportunidad para reinventarse y repensar sus condiciones de producción. Hay un dato que no por reiterativo deja de ser cierto: la música en vivo fue una de las primeras actividades en parar y será probablemente una de las últimas que vayan a reactivarse. A un mes de la cuarentena, las trabajadoras y trabajadores del sector encontraron en la organización colectiva la forma más afectiva de sobrellevar la crisis y pensar nuevas ideas para salir adelante. Desde el Estado, las políticas públicas –fondos, subsidios, fomentos, programas— orientadas al sector para mitigar los efectos de la emergencia sanitaria son importantes, pero insuficientes para cubrir todas las necesidades.

“En esta segunda fase, no se van a abrir las canchas de fútbol, los teatros o los cines. Va a haber flexibilidad para ciertas actividades laborales, pero los grandes espectáculos públicos van a estar en la última fila, porque justamente lo que queremos evitar son las grandes concentraciones de gente”, enfatizaba hace quince días en conferencia de prensa el infectólogo Pedro Cahn, uno de los referentes del equipo de especialistas que trabaja junto al presidente, Alberto Fernández. Y esta restricción no va a cambiar en el corto plazo. En el ámbito cultural, muchos creen que habrá que esperar hasta la primavera para volver a disfrutar música en vivo y en tiempo real. Paradójicamente, los consumos culturales que más recomiendan para transitar mejor la cuarentena –escuchar música, ver películas y series, leer libros– corresponden a una de las industrias más afectadas económicamente por los efectos de la pandemia.

«Es un golpe durísimo y esto viene para largo», resalta Juan Ignacio Serrano, músico y productor artístico oriundo del oeste bonaerense. El artista tuvo que suspender una gira por México que iba a realizar entre fines de marzo y abril. «Se reprogramó para julio pero me parece algo incierto que se pueda concretar», sostiene el cantautor, más conocido como Juanito el Cantor. Serrano se abocó estos años a la producción artística. Trabajó para Gustavo Cordera, Miss Bolivia, Paula Maffia, Julio & Agosto, Pablo Lesuit y Papina de Palma, entre otros. «Tenía algunos laburos pendientes que puedo hacer en mi casa, pero en breve voy a tener que reformular mi actividad. Estoy considerando volver a dar clases, que es algo que no hacía más, porque lo puedo hacer por streaming, y también buscar nuevas maneras de producir», dice y su situación es similar a la de miles de artistas en todo el país.

Una de las respuestas inmediatas que los músicos y músicos encontraron fue la de hacer recitales en streaming desde sus redes sociales. Si bien es una forma de seguir estando presentes y expresándose, es un formato que «se agota» y es muy difícil de monetizar. «¿Cuántas veces podés hacer un festival por streaming? Porque vos cuando girás con un artista podés tener desde tres a ocho shows por mes. Pero un show por streaming con entrada paga más de una vez al mes no lo podés hacer y más si hay una sobreoferta. De todos modos, la mayoría no está cobrando entrada», analiza el productor platense Alexis Turnes Amadeo. «Puede ser un salvataje por ahora pero no es redituable. Hay que ser muy cauteloso con las estrategias y los recursos que tenemos a disposición. Porque la sobreexposición genera un colapso«, plantea.

Para la manager, productora y desarrolladora de artistas María Carrascal, «si bien hay una saturación de streamings, para alguien que no está tan metido en este mundo resulta interesante, porque la música es una gran compañía y es poderosa». Y propone: «Los artistas mainstream podrían ayudar a independientes y cobijarlos en sus redes sociales y presentárselos a sus seguidores. Es una posibilidad de establecer la solidaridad en este momento y serviría para seguir circulando». Carrascal actualmente es manager de la cancionista Sofía Viola, quien también tuvo que dejar en pausa una gira latinoamericana y por Estados Unidos. “Estoy preocupada por lo que va a venir pero también tengo la sensación de que este es un cambio muchísimo más grande. Creo que tiene que haber un cambio estructural y global del mundo de los negocios», sostiene.

Una industria golpeada

Según un relevamiento de la Asociación Civil de Managers Musicales Argentinos (Acmma), la industria musical del país abarca a 500 mil trabajadores y trabajadores, entre las que se incluyen, además de músicos, técnicos de sonido, productores, gestores culturales, asistentes, iluminadores, DJ’s, VJ’s, técnicos de grabación, montadores, diseñadores, acomodadores, escenógrafos, agentes de prensa, fotógrafos, publicistas, relacionistas públicos, programadores de espacios culturales, sellos discográficos, etc. “Este virus que nos aqueja dejará a nuestra industria al borde del colapso”, alertan a través de un video en el que participan diferentes actores del sector. “Muchos de nosotros vivimos, al igual que miles de argentinos, de lo que producimos cada semana. El Gobierno está lanzando medidas de apoyo, pero por las particularidades de nuestra industria, las mismas no incluyen a la gran mayoría de los trabajadores de la música en vivo», precisan desde esta asociación surgida en 2016.

A fines de marzo, Acmma presentó una nota sobre el estado de situación de la industria de la música en vivo ante la Secretaría de Desarrollo Cultural y la Dirección de Economía Creativa. Allí indican que la industria musical “mueve una economía directa” de 5629 millones de pesos anuales, y «como consecuencia del cese de la actividad” habrá una pérdida estimada para los próximos tres meses de 1407,25 millones de pesos. Según un relevamiento que realizaron en la segunda quincena de marzo sobre una muestra de 200 artistas, «se determinó que se suspendieron casi mil shows de artistas argentinos» en el país y en el exterior. Eso representa una pérdida de ingresos por 490 millones de pesos y 2500 personas desempleadas.

«La industria ya viene golpeada por sus condiciones impositivas y de estructura de costos anteriormente a la pandemia. Ahora corresponde esperar y ayudar a los que más necesitan de esta cadena de valor, que son muchos y que viven de lo que generan semana a semana», le dice a Página/12 Ana Poluyan, vicepresidenta de Acmma, “Pero una vez que esto haya terminado tenemos que saber que esta es una de las industrias que más golpeada va a quedar”, sostiene la también manager de Los Pericos. Uno de los desafíos, dice, es que todos los sectores vinculados a la música se unan.

Y contextualiza: “El cine tiene un instituto que lo subsidia en miles de millones de pesos anuales, la industria del libro no paga impuestos y el teatro está exento de grandísimas cargas impositivas, inclusive ganancias e ingresos brutos. Pero la música paga los mismos impuestos que una manufacturera japonesa en Argentina. Entonces, hay una discriminación hacia la industria de la música en vivo en relación a otras artes escénicas. Si pudiéramos estar equiparados al teatro tendríamos posibilidades más claras de recuperación. Es un debate a tener post pandemia, porque somos conscientes que en este momentos las prioridades son otras».

Desde la asociación de managers le acercaron al estado una serie de propuestas a corto y mediano plazo para mitigar los perjuicios ocasionados durante el cese de actividades. Entre otras, proponen la eliminación de la carga impositiva en el pago de monotributo en todas las categorías, con excepción de las que tengan excepciones a su pago; facilidades y eximiciones para pago de aportes y contribuciones; pago de shows ya realizados adeudados tanto por el estado; y diferimiento de pago de anticipos y ganancias e IVA tanto para autónomos como para empresas cuyos códigos de actividad correspondan al rubro artístico. Además, a mediano plazo, solicitan beneficios impositivos similares a otras industrias creativas durante tres periodos fiscales para impulsar la reactivación.